martes, 26 de febrero de 2013

MANUEL BELGRANO , ECONOMISTA(Gracias Sandro Olaza Pallero)


MANUEL BELGRANO. EL ECONOMISTA DE NUESTRA INDEPENDENCIA

Manuel Belgrano.


                                                                                          
                                Por Alfredo Félix Blanco



Normalmente, hablar del Doctor Manuel Belgrano es referirse al patriota de la revolución de mayo, al integrante de la Primera Junta de Gobierno, o al general de la guerra de la independencia creador de nuestra bandera. Esos son los rasgos más conocidos del prócer argentino de cuya muerte se cumplirán 185 años el próximo 20 de junio. 
Existen también, por supuesto, trabajos que han destacado otros aspectos de su existencia. Desde aquellos que han apuntado a la consideración de su vida privada hasta los que analizando la profundidad de sus convicciones independentistas no pueden comprender las razones de su propuesta, a favor de crear una monarquía “suavizada” que estuviera encabezada por un descendiente de la “Dinastía de los Incas”.Propuesta que, como se sabe, fue expuesta por Belgrano el 6 julio de 1816 en sesión secreta a los congresales que se aprestaban a declarar la independencia argentina. Juan Bautista Condorcanqui, hermano menor del rebelde Túpac Amaru que después de una azarosa vida murió y fue enterrado en Buenos Aires, parece haber sido quien había elegido Belgrano para encabezar aquella monarquía de cuyas virtudes no pudo persuadir al Congreso de Tucumán. 
Aunque afortunadamente existen muy buenos trabajos sobre las ideas económicas de Belgrano, su imagen como profundo conocedor de los principios de la por entonces “nouvelle science” es poco difundida. Entre los estudios que merecen destacarse están el de L. Gondra (“Las ideas económicas de Manuel Belgrano”), y los trabajos del Profesor Manuel Fernández López de la Universidad de Buenos Aires. 
Sin embargo, el gran público nunca ha considerado a Belgrano como un pensador de los problemas económicos. Realmente la únicas razones que pueden explicar esta injusticia es que las tareas del “Belgrano economista” se desarrollaron fundamentalmente hasta 1810 y que, a partir de aquella fecha, las acciones del luchador por la independencia nacional oscurecieron las contribuciones de aquella etapa anterior de su vida. 
Nacido en Buenos Aires el 3 de junio de 1770, del matrimonio de Domingo Belgrano y Peri con María Josefa González Casero, fue enviado a proseguir sus estudios a España en el año 1786. Ya graduado de abogado en Valladolid, retornará en 1794 a Buenos Aires habiendo recibido las influencias intelectuales de una Europa que abrazaba ya las ideas racionalistas y liberales. Como prueba de sus preocupaciones por el conocimiento, vale la pena mencionar que en 1790 había sido designado presidente de la Academia de Derecho Romano, Política Forense y Economía Política de la Universidad de Salamanca. 
La efervescencia intelectual de la ilustración, la revolución francesa y la independencia de Estados Unidos marcaban el fin de una etapa histórica. El “tempo social” que se aceleraba y la atmósfera intelectual que cambiaba influirían decisivamente en la formación de las convicciones de nuestro ilustre patriota. 
Con absoluta claridad y sinceridad describió ese proceso en su Autobiografía cuando relata que: "Como en la época de 1789 me hallaba en España y la revolución de la Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aun las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente". 
En materia de pensamiento económico, recibió Belgrano una influencia determinante para su visión de la economía. La del francés Francois Quesnay, el fundador de la “secta de los economistas”. Quesnay, de gran prestigio en Versalles, y a quien Luis XV llamaba su “pensador”, publicó el “Tableau Economique” en 1758. 
Ese “cuadro económico” es el primer intento, en la historia de las ideas, de analizar la economía como un sistema de relaciones entre sus diversos sectores o clases. Ese trabajo no solamente ha sido considerado como el acta fundacional de la escuela económica conocida como “Fisiocracia” (etimológicamente: “gobierno de la naturaleza”) sino que constituyó el mojón que anunciaba la etapa de nacimiento de la economía como disciplina científica autónoma. 
Marx, que no era precisamente una persona dispuesta a elogiar fácilmente algo, llegó a afirmar en relación al“Tableau” que “…jamás la economía política había concebido una idea más genial”. W. Leontief, que obtuvo el Premio Nóbel de economía en 1973 por el desarrollo y aplicación del análisis de insumo-producto, reconoció como antecedente de su trabajo al de Quesnay de mediados del siglo XVIII. 
El pensamiento de los fisiócratas es un capitulo muy importante en la historia de los esfuerzos intelectuales del hombre por comprender la economía, y ha quedado asociado básicamente a dos conceptos. El primero es la afirmación de que el único sector que genera riqueza (producto neto) es el agrícola, y el segundo es la convicción de que existe un orden en la naturaleza que no debe ser violentado por acción del hombre. Basándose en esta creencia sobre la existencia de un orden natural, los fisiócratas van a postular que la mejor forma de garantizar el desarrollo de una economía es la no intervención. “Laissez faire” (“dejar hacer”) será la consigna que enarbolará el liberalismo económico para rescatar a la economía de la parálisis que las políticas de intervención mercantilistas producían. El impulso de las nuevas formas del capitalismo ya no necesitaba de las reglamentaciones excesivas que ayudaron a su nacimiento, pero que ahora obstaculizaban su desarrollo y expansión. 
Belgrano recibió también la influencia de Adam Smith, el celebre escocés fundador de la escuela clásica inglesa, que en su “Investigación sobre la naturaleza y causas de la Riqueza de las Naciones” (1776) consagró la expresión de la “mano invisible” como la síntesis que resumía la confianza en los mecanismos de ajuste automático de los mercados de la economía capitalista que se encontraba en pleno desarrollo. 
Sin embargo, las lecturas de otros autores (como Galiani, Genovesi, y Jovellanos) le permitirían advertir que el contexto más avanzado en que se desarrollaban las ideas del liberalismo económico europeo no podía ser obviado y que trasladar el nuevo paradigma a su tierra requería adaptaciones. Es por ello que, al analizar la realidad y difundir sus ideas en Buenos Aires, su posición será algo más ecléctica y su liberalismo más moderado. Las condiciones institucionales y de desarrollo más atrasado de las tierras del sur de América le exigieron que fuera más cuidadoso a la hora de difundir y postular la aplicación de las nuevas ideas. 
A esa tarea de difusión del nuevo mensaje se dedicará intensamente a partir de 1794, cuando regresa para asumir como funcionario de la Corona en el recientemente creado Consulado de Buenos Aires. Esta institución formó parte del conjunto de reformas realizadas por los Borbones para la reformulación y consolidación del sistema colonial y tenían, además de la tradicional función judicial en cuestiones comerciales, una nueva responsabilidad que era la del fomento de las actividades relacionadas a la nueva burguesía, como la agricultura, la navegación, el comercio y la industria. 
Aunque el Consulado era un organismo colegiado, Belgrano potenció la importancia del cargo de Secretario que ejercía y la institución fue entonces el escenario desde el cual se defendía la autonomía de la colonia y se difundían las nuevas ideas sobre la economía. 
Su tarea de difusión de las nuevas ideas económicas comenzó cuando aun residía en España; para ello, en 1794, tradujo el trabajo de Quesnay “Máximas generales del gobierno económico de un reino agrícola” que es la fuente de influencia fisiocrática más clara que llegó al Río de la Plata. En 1796, ya en Buenos Aires y con el mismo objetivo de hacer conocer estas ideas, presentó “Principios de la Ciencia Económica Política” que es la traducción de dos trabajos de autores fisiócratas. 
Las ideas económicas que caracterizaron al pensamiento de Belgrano están muy desarrolladas en las Memorias del Consulado. Las memorias, con cuya lectura por parte del Secretario se abrían anualmente las sesiones, era una exposición sobre alguno de los “objetos propios del instituto del Consulado”. 
Belgrano transformó esas presentaciones en verdaderas conferencias sobre temas de economía y en fuertes alegatos en defensa del libre comercio de las colonias en contra de las restricciones monopólicas de la metrópoli. 
Finalmente debe señalarse también la tarea de difusión que realizó a través del periódico “El Correo de Comercio”, publicación en la que tuvo la responsabilidad de su dirección. 
Sus ideas sobre el valor de los bienes (donde se percibe la influencia de Condillac), la convicción en las ventajas del librecambio, sus análisis sobre la necesidad de desarrollar las actividades agrícolas y el comercio, de fomentar el cambio tecnológico y la educación técnica y de desarrollar las obras de infraestructura, permiten apreciar el carácter progresista de su visión económica. 
La equilibrada combinación de las nociones fisiocráticas y del liberalismo en ascenso con la realidad que le rodeaba, le impulsaban a luchar por el desarrollo de una economía que aun estaba contenida por instituciones que gradualmente dejaban de ser funcionales a la expansión económica. La independencia y, muchos años después, la consolidación de la unidad nacional crearía las condiciones para soñar en la Argentina moderna, que Belgrano probablemente intuyó alumbrada por las nuevas nociones de la economía. Por supuesto que la función de analizar, adaptar y divulgar los nuevos principios de la economía tuvo también otros protagonistas. Su primo Juan José Castelli, quien lo reemplazó en algunas ocasiones en el Consulado; Juan H. Vieytes, que le acompañó desde el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio son dos ejemplos de voceros de las nuevas doctrinas cuya mención no puede ser omitida. 
Más adelante, ya al final de su camino, a Belgrano lo esperaría (como a tantos otros grandes hombres de nuestra historia), la pobreza con que se enfrentó a la muerte. Final que lo engrandece aun más a aquel hombre que contribuyó tan significativamente a la independencia argentina. Grandeza que, como dijimos, ha oscurecido su contribución a las ideas económicas que iluminaron el nacimiento de nuestro país. 
En 1946, en la recién creada Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba, se organizó una biblioteca. En Abril de 1966, al inaugurarse el actual edificio de nuestra facultad, aquella biblioteca pasó a ocupar un área especialmente diseñada. 
Esa biblioteca, de la cual hoy nos sentimos tan orgullosos porque es sin dudas una de las mejores de nuestra disciplina en el país, lleva como nombre “Biblioteca Manuel Belgrano”. Un merecido homenaje para quien, aunque aun lo ignoren muchos, ha sido llamado con justicia el primer economista argentino.


Referencia electrónica:

Alfredo Félix Blanco, "Manuel Belgrano el economista de nuestra independencia",Suplemento debates, en La mañana de Córdoba, Córdoba, [En línea], Puesto en línea el 19 de junio 2005, consultado el 3 de febrero 2013.portal.eco.unc.edu.ar/files/Biblioteca/mbxblanco.pdf 

miércoles, 30 de enero de 2013

JUAN FRANCISCO BORGES - PATRIOTA SANTIAGUEÑO

Fusilado sin proceso
“Los fenómenos sociales o políticos no nacen por generación espontánea. Han de producirse según leyes inexorables, pero desconocidas.

Pueden demorarse o anticiparse, según los protagonistas que actúen en ellos como desencadenantes o retardantes. Borges intuye estos fenómenos con claridad de vidente y los hace suyos. Es un hombre de acción que sabe a dónde va. Tiene la impronta de la concepción y se lanza, arrollador, hacia la meta. Ya está en el fenómeno, pero ha llegado tempranamente. Esta inoportunidad no es tampoco una falta suya, aunque sea una falta de sincronización de los ritmos que viven los acontecimientos y los protagonistas de ellos. Borges se adelanta siempre, tiene viva la inteligencia, encendida la fe, temerario el valor. Por eso sólo logra ver el fruto sazonado de su acción en otras manos y agraz en las propias”. Orestes Di Lullo


Historial de Borges
Por Orestes Di Lullo

Padres: D. Manuel Pedro Borges y doña María Josefa Urrejola y Peñaloza. Esposa: Catalina de Medina y Montalvo. Hijo: Juan Francisco Segundo Borges.
1766: el 24 de junio nace en Santiago del Estero Juan Francisco Borges.
1781: encontrándose en la ciudad de La Paz (Bolivia) con su padre, se produce la sublevación de Túpac Amaru. Por entonces era Ayudante Mayor de Infantería de los ejércitos del Rey y asiste a los asedios de la ciudad por las hordas mandadas por Túpaj Catari. Es herido en una tentativa por romper el cerco y cae prisionero, escapándose milagrosamente por su decisión y coraje.
1783: el 15 de febrero es nombrado Capitán de los Ejércitos del Rey. El 12 de abril de este mismo año D. Sebastián Segurota acredita en su foja de servicio, por tener que ausentarse a Santiago, el concepto militar de óptimo por su “puntualidad, espíritu y honor”. Dicho documento está fechado en La Paz (Bolivia).
1785: pide en Santiago del Estero una plaza en las milicias para poder continuar la carrera de las armas (1 de febrero).
1787: cansado de aguardar su restitución solicita la venia para ausentarse a La Paz, donde desea reincorporarse al servicio activo.
1790: mientras espera un nuevo destino, forma una sociedad comercial para exportar la cascarilla o quina con el Cap. José María de Iriondo y D. Benito Blas de Abarlega (20 de febrero).
1791: el 19 de octubre, Iriondo se separa de la sociedad adeudando una suma respetable a Borges, lo que origina el primer pleito entre ellos.
1796: una serie de incidentes que termina con el desacato de Borges al gobernador D. Fernando de la Sota hace que el 22 de febrero Borges sea procesado y conducido de La Paz a Buenos Aires.
1798: el virrey Sobremonte pide la absolución. Borges es puesto en libertad.
1799: en Buenos Aires Borges provoca a Domingo A. Achával, miembro de una familia enemiga, Borges es arrestado y luego puesto en libertad. Regresa a Santiago.
1801: organiza una expedición al meteorito del Chaco, cuyo derrotero es publicado por El Nacionalista.
1802: el 29 de enero se lo autoriza a viajar a España donde se incorpora al cuerpo de Oficiales de la “guardia de corps” del Rey y obtiene el título de Caballero Cruzado de la orden de Santiago por sus méritos y servicios.
1807: obtiene la Real Orden de un privilegio económico, concedido a los leales y nobles servidores de la corona.
1808: ya de regreso en el país, solicita el cumplimiento de la sentencia contra Achával y obtiene el pasaporte para Santiago. En agosto el Cabildo de Santiago del Estero exige a Borges la presentación del despacho y título, Borges no se presenta sino por tercera vez para decir que lo hace sólo por cortesía y no por obligación. El 12 de septiembre Borges escribe al virrey Liniers solicitándole de nuevo una plaza y el virrey contesta afablemente a Borges. El 12 de noviembre Borges informa al virrey, a pedido de Goyeneche, sobre el estado desastroso en que se encontraban las milicias. El 25 de noviembre el virrey responde a Borges eludiendo todo compromiso.
1810: el 10 de junio, ante la indecisión del Cabildo, el pueblo es presionado por medio de sus líderes: Borges, Cumulat y Lugones. El Cabildo cede y se pliega a la revolución, que ha venido gestando Borges, de mucho tiempo atrás, en connivencia con Moldes (29 de junio). El 2 de julio se elige diputado. Resultó electo Juan José Lami. El 15 de Julio Borges escribe a la Junta de Buenos Aires haciéndole apreciaciones sobre el valor estratégico de Santiago y solicitando armas y protestando por la elección de Lami.
El 6 de septiembre, según Garmendia, se publica la proclama del Cabildo que firman: Palacio, Achával, Paz y Lami, y en la que no se invoca ni a la Madre Patria ni a Fernando VII, hablándose en ella de la “libertad” y de sus “malvados opresores”.
El 13 de septiembre, Borges ya Teniente Coronel, designado por Ortiz Ocampo recibe la cantidad de 1000 pesos del Cabildo.
El 21 de septiembre la Junta se dirige a Borges agradeciendo todos sus afanes y le confirma en su grado. El 8 de octubre Ortiz de Ocampo envía a la Junta de Buenos Aires una nómina de vecinos que pueden ocupar los cargos en el nuevo régimen. El 19 de octubre Borges envía una relación de las plazas en las tres compañías que ha formado de “Patricios santiagueños”. El 28 de noviembre Castelli separa a Ortiz de Ocampo del ejército y ordena anular la elección de octubre. El 20 de diciembre se nombran los propuestos por Castelli.
1811: el Cabildo protesta por la imposición de Castelli a instancias de Borges, quien es nombrado apoderado del Cabildo ante la Junta. El 15 de marzo se realiza una nueva elección de Diputado, es elegido el Pbro. Pedro Francisco de Uriarte. Borges protesta y es procesado por Rivadavia como insurrecto.
1812: estando preso en Buenos Aires Borges es elegido miembro del Cabildo de Santiago.
1813: Borges es federalista y apoya al Cabildo de Santiago en contra de Tucumán.
1815: empieza a leudar el fermento de la autonomía de Santiago. El Tte. Gobernador Isnardi y su ayudante son desterrados por el tucumano Aráoz al Fortín Abipones. El 6 de mayo, los vecinos y el Cabildo se dirigen a Álvarez Thomas pidiendo la autonomía. El 2 de septiembre Borges apresa a Ortiz de Ocampo. El 4 de septiembre Borges depone al Gobernador interino Don. Tomás Taboada y se hace proclamar gobernador. El 5 de septiembre reúne gente para oponerse a las fuerzas de Tucumán. El 8 se entabla combate, desbandándose las fuerzas santiagueñas después de una hora de dura lucha cuando ven caer a Borges herido en la cabeza. La misma noche toman a Borges y lo remiten a Tucumán. En noviembre Borges se fuga y se dirige al norte a conversar con el Jefe del Ejército Gral. Rondeau, de cuya conversación surge el complot de las provincias del norte contra el Estatuto que iba a sancionar el Congreso según el cual las autoridades de las provincias serían elegidas por el Director Supremo.
1816: Aráoz informa al Congreso del complot. En noviembre se sanciona el nuevo Estatuto. El 10 de diciembre Borges depone al Gobernador Gabino Ibáñez. El 11, el Cabildo informa de esta revolución a Aráoz. El 13 el Congreso envía un oficio al Gral. Belgrano, quien envía a Lamadrid con cien hombres, a Bustos con doscientos y dos cañones y a José M. Paz con cincuenta dragones. El 27 de diciembre es sorprendido Borges y los suyos. Borges y Lugones logran huir, pero son delatados y Borges cae prisionero. El 29 de diciembre Belgrano se dirige al Cabildo de Santiago para acallar su remordimiento y a modo de explicación por las medidas tomadas.
1817: el 1 de enero Borges es fusilado a las 9 de la mañana en Santo Domingo. Su cuerpo es llevado a la Capilla de Robles y luego enterrado en la Catedral.



martes, 18 de diciembre de 2012

MARTIN MIGUEL DE GUEMES


Güemes ya tomó partido: don Martín es FederalPor Juan Martín Grillo


“En tiempos en que la Patria
Necesitaba valientes,
El gaucho Martín se puso a pelear
Entreverado con su gente”

Hernán Figueroa Reyes

La figura de don Martín Miguel de Güemes es una de las más fascinantes y heroicas de nuestra Historia. Su mística nos maravilla, al igual que lo hacen sus ideales y la forma en que luchó abnegadamente por ellos, al punto de alcanzar la gloria de Dios con su propio martirio en pos de que se realizaran. Muchas naciones desearían, desde lo más profundo de sus sentimientos soberanos, contar con tan titánico personaje.
¡Que grandeza la de nuestro Martín Güemes! ¡Que pigmeos, en comparación, que se dilucidan los que fueron presa de su sable emancipador y de las tacuaras de sus montoneras! ¡Que grandioso destino nos era reservado como Patria de haber procurado seguir firmemente el ejemplo de este caudillo! ¡Cuantas fueron y son las horas que se han diluido en lágrimas por su ausencia física desde aquél triste 17 de junio de 1821!
Tal es el volumen de este hombre, tanto es su simbolismo, que -aún en la actualidad- el nombre “Martín” es sinónimo de la cultura criolla. Nunca olvidemos que don José Hernández, en un claro homenaje al prócer salteño, eligió ese nombre para bautizar al gaucho protagonista de su obra.
Basta ver un poco la realidad para notar esta y otras afirmaciones. Al día de la fecha, y en muestra de agradecimiento y amor, los gauchos de Salta (y aún de toda la Argentina) se reúnen todos los años la noche del 16 de junio y conmemoran la “Guardia Bajo las Estrellas”. Allí, con la sola presencia del firmamento, pasan las horas en vela, en señal de duelo y realizando un constante homenaje al Gral. Güemes. Esa noche de 1821, y bajo un cebil colorado, don Martín ascendió a los cielos “custodiado” por sus gauchos. Eso mismo es lo que se recuerda con esta “Guardia”. El cebil colorado todavía se conserva... así como el patriotismo del pueblo salteño, su sentido de la tradición y su amor a la Patria.
¡Aún más! El poncho salteño, pieza característica de la indumentaria norteña, recuerda a Martín Güemes. Siendo vital para la guerra de emancipación que los hombres no sintieran miedo al combatir, Güemes ordenó a las chinitas que tejieran para sus guerreros prendas de color rojo punzó -color propio de la sangre humana- para que si en medio de la refriega éstos sufrían heridas, éstas quedaran desaparecidas (o al menos camufladas) bajo el tinte de dichos ropajes. Luego del paso a la inmortalidad de don Martín, en ese poncho se vio introducida una gran franja de color negro, en señal permanente de luto por la irreparable pérdida sufrida por Salta y por nuestro país todo.
Debo confesar, además, que incluso a mi me ha afectado personalmente la imponente figura de este “General Gaucho”. Desde que conozco su obra, desde que investigo su vida y sus hazañas, no he podido dejar de agradecer a los cielos y mis propios padres el haberme bautizado con el nombre “Martín”.
Empero todas estas proezas, la figura de Güemes –como muchas otras figuras de la Historia Argentina- ha sido casi olvidada por la historiografía liberal.
¿Por que? Pues bien, solo Dios sabe que ha motivado a que los “Historiadores Oficiales” oculten las verdades sobre tan genial héroe. Pero, y aunque quizá sea un paso atrevido, creo conocer la respuesta a esa pregunta: Güemes, como todos los verdaderos patriotas, era Federal, o al menos simpatizaba con el federalismo que proponían José Gervasio de Artigas, Estanislao López, o Juan Bautista Bustos, entre otros. Aquí es donde, infiero, está el meollo de la cuestión. Todo Federal –o mero simpatizante del federalismo- ha sido condenado por las tintas liberales y mentirosas de la desintegración y la antipatria. Un hombre como Güemes, un “cacique” según Rivadavia y los suyos, no podía ser otra cosa que un bárbaro, un opresor, un mujeriego, un ser demoníaco y despreciable. El razonamiento de estos cipayos era simple: Güemes era un caudillo, un caudillo Federal, y por lógica debía desaparecer de la memoria del pueblo. Para suerte de nuestra empresa de reivindicación, estos traidores olvidaron que la memoria de los pueblos es eterna… tan eterna como esa misma reivindicación que el revisionismo histórico profesa…
Sin embargo, y debo reconocerlo, coincido en un pequeño pero trascendental punto con dichos traidores: Güemes era federal... y más aún: SIEMPRE LO SERÁ!
Eso es lo que aquí pretendo demostrar: la adscripción del Gral. Martín Miguel de Güemes a las ideas de federalismo, pese a que el mismo prócer jamás se manifestó expresamente en este sentido.

¿Quién fue Martín Miguel de Güemes?

Martín Miguel de Güemes nació el 5 de febrero de 1785 en la ciudad de Salta, siendo sus padres don Gabriel de Güemes Montero y doña Magdalena Goyechea y de la Corte, el primero oriundo de Abienzo, Asturias; y la segunda nacida en la ciudad norteña antes nombrada.
Martín Miguel vivió sus primeros años en un ambiente rural, ya que su padre, además de ser Tesorero de las Cajas Reales de Jujuy, dedicó su vida a la cría y venta de mulas, elemento vital para el comercio alto-peruano, del cual provenía la principal fuente de ingresos y crecimiento de la así llamada Intendencia de Salta del Tucumán, circunscripción que ostentaba la responsabilidad de ser la más grande del Virreinato del Río de la Plata. Esta experiencia en el campo ha de dotar al futuro caudillo de un conocimiento casi absoluto respecto de las tierras del norte y de sus paisanos, los gauchos.
En febrero de 1799, contando con solo 14 años, el joven Martín Güemes se enlistó en la 6ª Compañía del Tercer Batallón del Regimiento Fijo –estacionado temporalmente en Salta- dando inicio así a su carrera militar.
En el mes de junio de 1806, mientras Güemes servía como cadete en su provincia, se produce la primera invasión inglesa. Como consecuencia, el Regimiento fue llamado a defender Buenos Aires de la agresión británica.
Además de luchar con excelsa gallardía, don Martín consigue una proeza sin igual el día 12 de agosto, Día de la Reconquista de la ciudad porteña: con un batallón de caballería logró cargar contra un barco inglés encallado en la Bahía de Quilmes, llamado “Justine”, y lo tomó por asalto, provocando la rendición de los tripulantes. Esta acción, así como su desempeño al año siguiente en tácticas de observación en las afueras de Montevideo, le granjearán un importante reconocimiento de sus superiores, materializándose al poco tiempo en un ascenso al rango de Subteniente de Caballería.
Durante su estadía en Buenos Aires, que se extendió hasta el año 1809, Güemes se contactó con hombres que empezaban a abogar por las ideas revolucionarias que pronto estarían en boga por todo el continente. Estos hombres, entre ellos Feliciano Chiclana, con quien nuestro biografiado traba una importante relación, encarnaran el movimiento que desemboca en la Revolución de Mayo de 1810.
Con la ayuda de Moldes, Güemes opera de intermediario entre Buenos Aires y Salta, logrando que en 1810 la Intendencia norteña sea uno de los primeros territorios que adhieren a la causa de Mayo. En Julio de ese año, el Cabildo de Salta envía a don Calixto Gauna como diputado a la Junta Gubernativa que preside Cornelio Saavedra, quien a su vez designa al mismo Chiclana como enviado en aquella provincia.
Por esos días, Güemes es designado por el Cnel. Juan Martín de Pueyrredon como Jefe de la Partida de Observación situada en la Quebrada de Humahuaca, desde donde nuestro héroe comienza a hostigar a las avanzadillas del Ejército Realista que opera desde el Alto Perú. Esta partida, que no era más que un grupo de gauchos mal armados pero hinchados de patriotismo, va ganando adeptos rápidamente, en gran medida por la fama que en ese entonces ya gozaba su joven Comandante a lo largo de toda la frontera norte.
La táctica de Güemes y los suyos era simple pero efectiva. Consistía en realizar ataques fulminantes de caballería, a modo de guerrilla, cayendo sobre las tropas de línea de los “godos” y dispersándolos, ocasionando a los invasores terribles pérdidas en bagajes y pertrechos. Finalizado el ataque, los milicianos volvían a los cerros desde donde habían salido, para reaparecer con posterioridad en otro punto de conflicto y repetir nuevamente la misma maniobra.
Luego de la primera derrota de las armas criollas en la Batalla de Cotagaita (27 de octubre de 1810), Güemes encabeza el Regimiento “Los Decididos de Salta” en la acción de Suipacha, el 7 de noviembre, donde gracias a los ataques de sus gauchos los patriotas consiguen la primera victoria en la guerra de independencia.
En 1812 el Gral. Manuel Belgrano, ahora Jefe del Ejército Auxiliar del Alto Perú, envía a Martín Güemes primero a Santiago del Estero, y luego a Buenos Aires en calidad de agregado al Estado Mayor del Ejército “a la espera de órdenes”. Esto aparta al caudillo salteño de su tierra, y le impide estar presente en los triunfos que seguirán.
A las victorias patriotas de Tucumán y Salta se suceden las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. Entonces, Belgrano comprende que la presencia de Güemes en Salta es indispensable para la causa y manda a llamar por él.
En 1814 el caudillo llega a Tucumán junto con San Martín, quien le encomienda el mando de la avanzada del Río Pasaje, ordenándole se ponga al frente de las milicias salteñas campesinas –que al poco tiempo conformarán el denominado Regimiento “Los Infernales”- y hostiga a más no poder a los “enemigos de la libertad”. Allí comienza la “guerra gaucha”. Tras su primer triunfo es ascendido a teniente coronel de ejército a pedido del propio Libertador.
El 14 de abril de 1815, el Cnel. Martín Güemes logra la proeza de derrotar con sus milicias a una avanzada del ejército realista –entonces comandado por Pezuela- en la Quebrada de Humahuaca, en el denominado “Puesto del Marqués”.
El 6 de mayo de 1815, el Cabildo de Salta designa al Cnel. Martín Miguel de Güemes “Gobernador” de la provincia, que desde el 1814 solo conforman las ciudades de Salta, Jujuy, Tarija, Orán y sus respectivos distritos de campaña. Jujuy lo reconoce en el cargo en septiembre de dicho año.
El 10 de julio de ese mismo 1815, Martín Miguel contrae nupcias con doña Carmen Puch, una joven salteña de 18 años, apodada por todos como “la más linda de Salta”. Ella será la única compañera de su vida, y hará padre al héroe en tres ocasiones: con Martín, Luis e Ignacio.
Luego de las antedichas derrotas sufridas por el Ejército del Norte en Vilcapugio y Ayohuma, el gobierno de Buenos Aires decide reemplazar a Belgrano, primero por San Martín –que rechaza el puesto- y luego por José Rondeu. Éste, unos meses después de tomar posesión de la jefatura, sufre una desastrosa derrota el 29 de noviembre de ese año de 1815 en Sipe Sipe. Este desafortunado revés traerá infinitos pesares a la provincia de Salta y a los demás territorios del norte.
Luego de ser derrotado, Rondeau le exige a Güemes, en un tono desafiante, que se ponga a sus órdenes, entregue el parque de armas y cualquier tipo de provisión para el errante “Ejército” del Norte, y que permita el paso del mismo a Tucumán, en cumplimiento de la orden del Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredon.
Don Martín rechaza de pleno estas y otras pretensiones de Rondeau, quien responde a la negativa de Güemes con acusaciones serias de “traición” que complican la situación al punto de temerse una verdadera guerra civil en el bando patriota. Pero Rondeau, al mando de un ejército de línea altamente mermado, se ve incapacitado de realizar cualquier maniobra contra las aguerridas huestes de Guëmes, hecho que lo obliga a suscribir un pacto, en Los Cerrillos, el 22 de marzo de 1816, con el gobernador salteño. Allí, Rondeau jura retirar sus tropas de Salta y se rectifica de todos sus dichos y acciones pasadas contra Güemes.
Para el 15 de junio de 1816, a menos de un mes de la independencia Nacional, la situación desesperada del Ejército del Norte obliga a Pueyrredon a ordenar el retiro de éste cuerpo a Tucumán para su reorganización, encomendando a Güemes y sus milicias la defensa de las provincias del norte y la seguridad del propio Ejército del Alto Perú.
Si bien en agosto de 1816, Manual Belgrano es designado nuevamente como Jefe del Ejército Auxiliar radicado en Tucumán, quedando Güemes con sus milicias como jefe de la vanguardia, el ejército de Belgrano nunca sale de Tucumán sino hasta febrero de 1819. En esta oportunidad, y como parte de tantas agresiones proferidas desde Buenos Aires a las provincias, el Directorio dispone que el Ejército marche hacia el sur para reprimir a los caudillos federales del litoral.
En 1817 Güemes vence al mariscal José de la Serna, quien invade Jujuy con 5.500 hombres, afirmando que llegaría a Buenos Aires al cabo de 8 meses. Como reconocimiento de su victoria, don Martín es ascendido por Pueyrredón al rango de Coronel Mayor.
A fines de este mismo año, Güemes rechaza al jefe de la vanguardia española, general Pedro Antonio Olañeta. En 1819 contiene en Jujuy al general José Canterac; y en junio de 1820 vence a los 6.500 hombres que comanda el general Juan Ramírez Orozco, alias “Barbarucho”. Con esta última invasión finalizan las intenciones de los españoles de llegar a Buenos Aires para recrear el Virreinato del Río de la Plata.
Como su provincia no recibía dinero ni auxilios suficientes para los gastos de la guerra, Güemes impuso a los salto-jujeños contribuciones obligatorias, motivando el disgusto de los pudientes. También prohibió el comercio con el Alto Perú, dado que éste beneficiaba a las fuerzas invasoras, ganándose de esta forma la enemistad de comerciantes y hacendados.
El 8 de junio de 1820 San Martín lo designa General en Jefe del Ejército de Observación, encomendándole la misión de auxiliarlo en la liberación del Perú.
Don Martín encara ésta designación con absoluta entrega a la causa emancipadora. Hasta el 27 de enero de 1821 –día en que delega el mando de gobernador- se dedica a organizar la Expedición al Alto Perú y auxiliar definitivamente a San Martín. Sin embargo, si bien las provincias argentinas lo reconocen como jefe del Ejército de Observación, no le envían la ayuda que él les solicita en dinero, ganado y pertrechos.
Durante el período que va desde febrero hasta junio de 1821, Güemes se encuentra rodeado de enemigos. Primero, el gobernador de Tucumán, Bernarbé Araoz, impide que Santiago del Estero –ya gobernada por don Juan Felipe Ibarra- le preste ayuda para su campaña. Más aún, el tucumano se niega a remitirle las armas y municiones que dejó en depósito el Ejército Auxiliar –ya sublevado en Arequito desde el año anterior-.
Empujado igualmente por Bernarvé Araoz, el Cabildo de Salta depone a Güemes acusándolo de tirano, posición compartida por el Cabildo de Jujuy. Mientras tanto, el general español Olañeta aprovecha la situación para apoyar a los enemigos internos del prócer.
El 31 de mayo de 1821 nuestro caudillo recupera el poder de una manera algo extraña. Enterado del “golpe” que se gestaba, don Martín apresura su caballo rumbo a la propia ciudad de Salta, foco de la insurrección. Allí, y quizá recordando la vuelta al poder de Napoleón a su regreso de la Isla de Elba en 1815; Güemes entró solo a la ciudad y preguntó a la tropa que le salió al paso “¿Quién se atreve a dispararle al gobernador?”. Luego de un breve silencio, recibió los júbilos y vivas de todo el público, recuperando de esa forma el gobierno de su provincia.
Pero aunque pudo recuperar su gloria y cargo, el general Güemes tenía los días contados.
El 7 de junio de ese año, una división española de Olañeta, guiada por opositores internos, pone sitio a Salta. Estando en casa de su hermana Magdalena (popularmente conocida como Macacha) Güemes escucha disparos y sale a imponer el orden.
Al llegar a la bocacalle, una partida española lo rodea, resultando mortalmente herido en una nalga cuando consigue superar el cerco.
Güemes muere en la Cañada de la Horqueta, rodeado de sus gauchos, el 17 de junio de 1821, previa orden dada al coronel Jorge Enrique Vidt de que ponga sitio a la ciudad de Salta hasta la expulsión definitiva de los españoles. Vidt, habiendo jurado por el sable del mártir que cumpliría con lo encomendado, pone sitio a la ciudad, y al cabo de tres meses los españoles se retiran, para no volver jamás a ollar el suelo patrio.
Sus Restos descansan hoy día en el “Panteón de los Glorias del Norte de la República”, situado en la Catedral Basílica de Salta.

El Federalismo de Güemes

Hasta aquí mucho hemos dicho sobre el prócer y su leyenda. Pero... acaso era Güemes un “federal”?
Para darle mediana respuesta a esta pregunta debemos primero definir el término “federal”, partiendo de una raíz etimológica apropiada.
La Real Academia Española nos dice que la palabra “federal” tiene su origen en la voz latina “foedus”, que significa “Pacto” o “Alianza”. Entonces, se dice “federativo” al sistema de varios Estados que, rigiéndose cada uno por leyes propias, están sujetos en ciertos casos y circunstancias a las decisiones de un Gobierno central. Si hubiéramos de guiarnos únicamente por lo antedicho no cabría duda posible en la afirmación que hemos profesado.
Sin embargo, y a modo de incógnita, surgen varios actos realizados por el héroe que nos llevan, indefectiblemente, a pensar si es correcta la afirmación del federalismo güemesiano.
Primeramente, y lo hemos dicho al inicio de este texto, Güemes JAMAS se pronunció expresamente por el “Federalismo” o el “sistema de federación”. ¿Cómo sabemos esto? Pues bien, ocurre que Martín Güemes es uno de los próceres mejor documentados de la Historia Argentina. Recordemos que fue su propio sobrino nieto, el Dr. Luís Güemes, quién recopiló todo el epistolario del caudillo en su obra “GÜEMES DOCUMENTADO”.
Segundo, y hurgando más en la vida del Gral. Güemes, encontramos algunas actitudes contradictorias del prócer. En 1819, y siempre argumentando la necesidad de preservar la “Unidad Nacional”, nuestro biografiado hizo jurar la Constitución Unitaria de ese año a la provincia de Salta, siendo aquella uno de los pocos territorios en jurarla. Esta actitud, más cercana al centralismo que al autonomismo, nos deja pensando a muchos. Paralelamente, y suponemos que por el mismo motivo, Güemes siempre se manifestó contrario al accionar de los caudillos federales del Litoral, como Artigas, Ramírez y López, por considerar sus actos como “anarquizantes”.
Tercero, y no menos importante, es el hecho de que Güemes no sostuvo, desde el punto de vista doctrinario, la organización “federal” país. Es más, llegó a compartir con Belgrano la idea de implantar una monarquía incaica de carácter hereditario en el Río de la Plata.
Estos hechos cambian un poco las cosas. Al parecer nuestro panorama se tiñe, por momentos, de color “celeste escocés”. Pero no. A las tesis –hegelianamente hablando- se suscitan las antítesis. De ambas solo puede extraerse una síntesis, la cual es lo más cercano posible a la verdad. Precisamente, esa síntesis es el objeto de ésta investigación.
Para afirmar el federalismo de Güemes debemos calar hondo, en profundidad, sobre el mismo ser filosófico del “federalismo”.
Decía el Dr. Silvestre Pérez que “se comprende que la España pura, se continuase en sus fundamentos y modificada por el medio ambiente, en los hombres de América, en el tipo autóctono, formado por el medio y por la herencia, en casi todos ellos, porque los de origen de otras naciones eran pocos, dado que la inmigración era muy pequeña obstaculizada por la misma Madre Patria; se comprende, repito, que la subconciencia de los pueblos americanos fuera en mucho parecida a la española, y que su manera de considerar la vida estuviera muy influenciada por ésta, y que tomó el nombre de Federalismo.”[1] Así las cosas, es dable entender al federalismo como una continuación de la tradición hispánica. Esta afirmación es muy seria, y aunque no parece abrir un nuevo juicio, decir que el federalismo es, en última instancia, un nexo “natural” con la Madre Patria acerca de una manera intensa a Güemes con la postura federal.
Recordemos, por un instante, que Salta es considerada como una de las provincias que más conservan la tradición criolla. Basta remitirnos al inicio de este mismo texto para recordar que aún después de casi dos siglos, los gauchos de Salta rememoran la “Guardia Bajo las Estrellas”. Además, toda indumentaria gauchesca –como el poncho- tiene una relación íntima con los salteños. Quiero asumir, sin temor a equivocarme, que así ha sido siempre. Güemes, como mártir que es de la causa emancipadora, nunca negó este rasgo tradicional en sus paisanos. Todo lo contrario, lo aumentó. Prueba de ello es el nivel de entrega a la causa que demostraron los norteños en los albores de la Patria.
En este orden de cosas, continúa el Dr. Pérez: “Federalismo digo, no debe ser tomado sólo como un sistema político o social, sino algo más amplio: un concepto de la vida [...] Era España una monarquía federativa, y cada región o reino... tenía sus características propias y sus fueros.”[2] A esto que aquí llamamos “federalismo” se lo conocía en Europa como “regionalismo”.
Quizá la mejor prueba de esa herencia es que, apenas se produce el movimiento por la independencia, la mayoría de los territorios hispanoamericanos mantuvieron los límites geográficos de los antiguos Virreinatos, respetando las divisiones previamente establecidas. Paralelamente, las actuales “provincias” de cada uno de estos Estados tienen sus capitales en donde otrora funcionaron los Cabildos. No es casualidad.
Es sabido, por otra parte, que la mayoría de los dirigentes unitarios provenían de sectores ligados a la “teoría” y al “deber ser” de las cosas. Atiborrados de datos, nunca alcanzaron a ver la realidad, probablemente porque la “levita” que llevaban les cortaba la circulación de oxígeno al cerebro, así como les impedía palparse el corazón para sentir a las necesidades y los clamores de los pueblos. Güemes era diferente a esto. Él no solo conocía a la perfección a su tierra y a su gente, sino que además los sentía. Sabía perfectamente de qué eran capaces sus gauchos, y con ese espíritu acompaño el proyecto sanmartiniano de emancipación sudamericana.
Probablemente, y arribando a otra cuestión, la característica más “federal” de Güemes sea el “autonomismo de hecho” con que se desenvolvió durante su período al frente de la gobernación de Salta. No olvidemos que, haciendo uso de facultades nunca ejercidas por ningún territorio, el Cabildo de su provincia lo nombró en dicho cargo, mostrando una verdadera autonomía respecto del gobierno central de Buenos Aires, que por esos días designaba a todos los funcionarios ejecutivos del país.
Profundizando este punto, debemos recalcar el conflicto de nuestro héroe con José Rondeau. En referencia a esto, Ramón Torres Molina señala: “Las diferencias de Güemes con Rondeau lo llevaron a separarse del Ejército del Norte después del combate del Puesto del Marqués, reivindicando así su autonomía política. Ponía fin, de esta forma, a la subordinación que había mantenido hacia el gobierno central desde 1810...” [3]
Con ésta separación, el caudillo salteño pudo desenvolverse con total libertad en la guerra de emancipación siguiendo sus tácticas guerrilleras, más flexibles que las rígidas disciplinas militares del viejo continente.
Continúa Torres Molina en este sentido: “La autonomía de Güemes permitió defender a Salta de las invasiones realistas, estableciéndose un federalismo de hecho que surgía, como el federalismo de Artigas, como una acción defensiva para mantener inalterables los objetivos de las guerras de la independencia.”[4]
Hasta aquí hablamos entre supuestos y conjeturas. Pero me gustaría aportar documentos que, si bien no nos muestran a Güemes como un “federal” explícitamente, lo acercan de manera contundente a ello.
En carta fechada el 3 de febrero de 1820, el Gral. Juan Bautista Bustos –ya por entonces gobernador de Córdoba- se manifiesta vía oficio a Güemes en los siguientes términos: “...No encuentro otro medio que el que indico a Ud. de oficio, sólo de ese modo erigido un gobierno, se podrá nombrar también por él, general que haya de mandar en jefe todas las fuerzas de las provincias Federadas; el Congreso determinará el modo y recursos para mantenerlas... Mucho tiempo ha que puede Ud. haber conocido que lo aprecio, que sus ideas y opinión no distan de las mías y que seguramente conté con Ud. cuando di el paso que ha sellado la libertad a las provincias de ese yugo ignominioso a que las tenían sujetas las facciones de Buenos Aires... Ya no tenemos más enemigos que los godos... Fdo Juan Bautista Bustos.”[5]
Pocas son las dudas que nos deja en su misiva el caudillo cordobés. Si bien no ha llegado a nuestros días ni el oficio original ni la contestación de esta carta, podemos atrevernos a suponer que Martín Güemes hizo declaraciones positivas respecto del sistema de Federación. Más aún, Bustos le recuerda que “sus ideas y opinión no distan de las mías”. Hoy día es sabido que, si bien el cordobés combatió a López y a Ramírez en 1817 y 1818, luego del “Pronunciamiento de Arequito” del 8 y 9 de enero de 1820 abrazó las ideas federales, las cuales llevó a cabo en su gobernación de Córdoba y sostuvo por el resto de su vida. Si las ideas de Bustos “no distan” de las de Güemes, podemos al fin afirmar que el caudillo salteño era federal.
Pero por si esto fuera poco, una última carta podría aclararnos más el panorama.
En el Archivo del Brig. Gral. Juan Facundo Quiroga surge una pieza, fechada en Salta el 6 de enero de 1833. La escribió nada menos que Magdalena Güemes de Tejada y está dirigida al mismo Gral. Quiroga. En ella, Macacha presupone el federalismo de su célebre hermano e invoca su condición de federal.
Por muchas fuentes sabemos que Macacha no fue solo la hermana del prócer, sino su mejor amiga y confidente. Su solo testimonio debería bastar para afirmar, al fin y al cabo, que Martín Miguel de Güemes fue federal, al menos los últimos años de su vida.
Pero Güemes, en palabras de Torres Molina, “más que federal era patriota y para llevar adelante los objetivos de la Revolución de Mayo y la guerra por la independencia debió romper con el poder central, asumiendo así un federalismo de hecho, por encima de toda posición doctrinaria con respecto a la forma de gobierno o de organización del estado.”[6]
Pese a las contradicciones, Güemes reconocía el “clamor de los pueblos” en el sentido federativo. Torres Molina cierra con estas palabras, las cuales clarifican terminantemente: “Si en Artigas el hecho federal coincidía con la teoría federal, en Güemes esa coincidencia no se dio y junto a su política federal, que rompía con el estado centralizado, propugnaba un gobierno monárquico o un gobierno de unidad nacional.”[7]

Conclusiones

Hoy en día, existe una tendencia muy propagada de considerar a la gran mayoría de los caudillos como “federales”, sin ahondar demasiado en sus ideas o sus vidas.
Quizá el caso más emblemático nos viene de la mano del Dr. Pacho O’Donell, quien en su obra “Caudillos Federales” no solo destaca un extenso capítulo a don Martín Güemes, sino que inicia el mismo con éstas palabras: “Güemes fue un caudillo federal carismático, precoz por su rebeldía contra la prepotencia porteña y su espontáneo espíritu federal, por su defensa de los derechos de las provincias, en especial de la suya, Salta.”[8]
No hay mejor federalismo que el que se practica, como no hay mejor cosa que la que efectivamente se hace. La patriótica desobediencia de Güemes a las pretensiones centrales de Buenos Aires no solo no resultó en una “anarquía” –como inferían los porteños- sino que sirvió para alejar definitivamente la amenaza española de esta parte del continente.
Para finalizar, diré que aunque en nuestras mentes apasionadas por la historia a los investigadores nos gusta hurgar en lugares no descubiertos, quizá a don Martín esto poco le importó. Su martirio por la emancipación americana y por la defensa de Salta no deja duda alguna de ello.
Y si no, recordemos aquella célebre frase del héroe: “Trabajemos con tesón y empeño, que si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas.”

miércoles, 12 de diciembre de 2012

BIOGRAFIA DE ANTONINO TABOADA


Antonino Taboada

Antonino Taboada (Matará, Santiago del Estero, 1814), militar y político argentino, líder del partido unitario en su provincia, aliado del presidente Bartolomé Mitre, de activa participación en las guerras civiles de su país.
Su verdadero nombre era Ramón Antonio y era hijo de Leandro Taboada y de la hermana de Juan Felipe Ibarra, que fundó la provincia de Santiago del Estero y la gobernó hasta su muerte durante 30 años.
Hacia 1830 fue enviado a Buenos Aires, donde se dedicó al comercio. Se exilió a Montevideo durante la peor época de la dictadura de Juan Manuel de Rosas y en 1840 se unió al ejército de Juan Lavalle en su campaña por Entre Ríos y Buenos Aires. Participó en la batalla de Quebracho Herrado, en la que fue tomado prisionero, pero varios meses más tarde huyó a Montevideo.
Tras años de deambular, se estableció en Matará como estanciero. A la muerte de Ibarra, en 1851, su socio Mauro Carranza asumió como gobernador y llamó a elecciones. Pero fue vencido por Manuel Taboada (hermano menor de Antonino), que tuvo que organizar una revolución con apoyo de su hermano para ocupar el gobierno.
Antonino organizó rápidamente el ejército provincial, con el cual venció a los partidarios de Carranza en varias pequeñas batallas (Tronco Rabón, Gramilla, etc.). Fue gobernador de su hermano cuando éste viajó a firmar el Acuerdo de San Nicolás, y ayudó a los unitarios de Tucumán a derrocar al gobernador Celedonio Gutiérrez. Fue derrotado por éste en Arroyo del Rey, en febrero de 1853, pero siguió su ofensiva contra el tucumano por medio de partidas montoneras y robando el ganado de esa provincia. Mientras tanto, ayudó a los federales salteños a impedir que el ex gobernador Manuel Saravia recuperara el poder.
En octubre de 1853, Gutiérrez venció a las avanzadas de Taboada en Río Hondo y ocupó Santiago del Estero. Pero al llegar supo que los Taboada habían ocupado la ciudad de San Miguel de Tucumán, ayudados por el cura y caudillo rural José María del Campo. Anselmo Rojo y Manuel Taboada vencieron a Gutiérrez en Tacanitas, pero recién en diciembre de ese año don Antonino y Del Campo derrotaron definitivamente a Gutiérrez. El ex cura asumió el gobierno tucumano.
A partir de esa momento, los Taboada lideraron un frente unitario en el norte, con alianzas poderosas en Salta y Tucumán. Antonino fue el comandante de armas de la provincia, con el grado de general. Siguió ocupando ese puesto con el sucesor de su hermano, Borges, y apoyó la política del gobierno unitario porteño.
Fue compañero de fórmula de Mariano Fragueiro en las elecciones de 1860, en queso lista opositora fue derrotada por Santiago Derqui.
Para suceder a Borges fue electo Antonino Taboada, pero renunció a asumir el mando, dejando el mando a Pedro Alcorta, un leal taboadista. Éste se negó a nombrar ministro a Manuel Taboada, reemplazó a don Antonino de la comandancia de armas y ganó las elecciones legislativas con candidatos propios. Ante tal traición, los Taboada organizaron unas montoneras que derrotaron a los leales al gobernador en la batalla de Maco. Alcorta se refugió en Tucumán y pidió ayuda al gobernador catamarqueño Octaviano Navarro, que invadió Tucumán con ayuda de Celedonio Gutiérrez. Tras vencer a Del Campo en la batalla de Manantial, invadió Santiago, ocupando la capital.
Pero entonces llegó la noticia del triunfo porteño en la batalla de Pavón, y Navarro retrocedió rápidamente hacia Catamarca. Taboada ocupó Santiago y se lanzó hacia Tucumán, donde venció a Gutiérrez en Ceibal y puso en el gobierno a Del Campo. En defensa de Navarro y Gutiérrez apareció el general riojano Ángel Vicente Peñaloza, que ofreció mediar entre las partes en lucha. Taboada aceptó la mediación, mientras escribía a Mitre que lo hacía para ganar tiempo. Obligó al gobernador salteño José María Todd a renunciar y atacó a Peñaloza, derrotándolo en Río Colorado.
Enseguida envió a Rojo a Catamarca, donde depuso al gobernador federal y colocó en su lugar al único liberal que encontró. La fórmula Mitre – Antonino Taboada fue derrotada en las elecciones por la fórmula Mitre – Marcos Paz, rompiendo la unidad casi legendaria entre los Taboada y Del Campo.
Don Antonino se dedicó por casi un año a reorganizar la defensa contra los indios del Chaco, muy debilitada. Cuando el Chacho se lanzó a su segunda rebelión, en 1863, fue nombrado comandante de las fuerzas del norte. Se trasladó a La Rioja en mayo, y venció al gobernador “Berna” Carrizo en Mal Paso, pero fue desautorizado por Del Campo y se retiró furioso a Santiago, arreando todas las vacas que encontró a su paso. Años después, Taboada sería el terror de los riojanos, no por las armas de sus soldados, sino por los saqueos del ‘63.
Dos años más tarde fue encargado de llevar a la guerra del Paraguay a los contingentes de las provincias del norte. Envió a los gauchos pobres y los opositores, por lo que éstos se sublevaron y escaparon en todas direcciones. Taboada reaccionó con furia increíble: persiguió a los desertores por toda la provincia, fusilando a decenas de soldados, azotando y torturando a muchos más.
A fines de 1866, estalló en Cuyo la Revolución de los Colorados, a la que se unió el coronel Felipe Varela, que ocupó la ciudad de La Rioja. Taboada marchó rápidamente hacia allí, y ocupó la ciudad con 2.000, mientras Varela marchaba desde Famatina hacia Catamarca al frente de un gran ejército de 5.000.
Varela decidió regresar a La Rioja, pero no se aseguró el agua del camino, por lo que llegó a destino con su gente medio muerta de sed. Taboada lo esperaba con sus hombres reunidos en el único pozo de agua, alrededor del cual se dio la épica batalla de Pozo de Vargas, sangrienta victoria del ejército nacional sobre la última gran montonera del interior.
Taboada hizo elegir gobernador de La Rioja a un Dávila, miembro de la única familia verdaderamente unitaria de la provincia. Por segunda vez salió de La Rioja arreando todas las vacas que encontró, mientras sus soldados se llevaban toda la ropa, el dinero y las alhajas que encontraron en las casas riojanas.
En su ausencia había sido nombrado gobernador de Santiago, pero tampoco esta vez quiso asumir el gobierno. Aceptó en cambio el nombramiento de interventor federal en Catamarca. Fue candidato a vicepresidente de la lista oficialista, liderada por Rufino de Elizalde, pero renunció, con lo cual se salvó de ser derrotado por tercera vez en una candidatura a vicepresidente. En su lugar fue derrotado Wenceslao Paunero.
La llegada de Domingo Faustino Sarmiento al gobierno nacional dejó a los Taboada en la oposición, y tuvieron serios problemas con el presidente. En 1871 derrocó a un tal Montes, que tras haber sido nombrado gobernador por Manuel Taboada, había pretendido gobernar por sí mismo. Derrotó en la batalla de Carro de Medina al coronel Urquiza, en julio.
En septiembre de 1871 murió Manuel Taboada, quedando el general al frente de su partido, acompañando al gobernador Absalón Ibarra, (primo de Taboada, y que se había criado en su casa). Éste logró que los electores santiagueños votaran contra Nicolás Avellaneda en 1874. Taboada se comprometió a apoyar la revolución mitrista de ese año, pero cuando José Miguel Arredondo ocupó Córdoba, se negó a ayudarlo. Por eso, Arredondo retrocedió Mendoza, donde fue derrotado en Santa Rosa.
Forzado por las amenazas del presidente, en diciembre renunció el gobernador Ibarra, forzado. A fines de marzo de 1875, el presidente apoyó militarmente una revolución de los líderes opositores, que culminó en una matanza de oficialistas y el saqueo de los bienes de los Taboada. Antonino tuvo que huir por el monte hacia Salta, donde vivió varios años, y más tarde se radicó en Tucumán.

Bibliografía

  • Alén Lascano, Luis C., Historia de Santiago del Estero, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1991.
  • Newton, Jorge, Manuel Taboada, caudillo unitario. Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1972.
  • Páez de la Torre, Carlos (h), Historia de Tucumán, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1987.
  • Rosa, José María, La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas, Ed. Hyspamérica, 1986.
  • Chianelli, Trinidad Delia, El gobierno del puerto. Memorial de la Patria, tomo XII, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1984.
  • Zinny, José Antonio, Historia de los gobernadores de las Provincias Argentinas, Ed, Hyspamérica, 1987.
  • Alén Lascano, Luis C., Los Taboada, Revista Todo es Historia, nro. 47. 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

MINISTERIO DE LA PRODUCCION APOYANDO EL ESTUDIO DE LA HISTORIA DE SANTIAGO DEL ESTERO
DIRECCION GENERAL DE INDUSTRIA Y COMERCIO
DE SANTIAGO DEL ESTERO

LOS PATRICIOS SANTIAGUEÑOS



SANTIAGO DEL
ESTERO Y LA OBRA QUE RECORDARA EL BICENTENARIO ARGENTINO


El respaldo santiagueño a la causa de Mayo 

La escritora santiagueña Maximina Gorostiaga, señala que “muchos desconocen que nuestra provincia fue la primera en adherirse a la causa de Mayo no sólo con apoyo moral, sino con el material, ya que contribuyó con hombres, armas, alimentos, máxime cuando en aquellos años, la provincia era apenas una aldea sin recursos, y no tuvo como Buenos Aires, la oportunidad de luchar contra fuerzas superiores.  Por aquellos años, fue el teniente coronel Juan Francisco Borges quien con medios propios conformara  el Batallón de Patricios Santiagueños. El contingente santiagueño prestó servicios a la causa de la patria, con distintos nombres y cambios de organización, distinguiéndose en el Alto Perú, en las batallas de Cotagaita, Suipacha, Yuraicoragua, Tucumán, Vilcapugio y Ayohuma. La vida de Borges, es digna de ser conocida, porque a pesar de su carácter rebelde y temperamental, es el primero que se adhiere a la causa de mayo y convoca al pueblo a iniciar movimientos autonomistas”.  
Como un homenaje a esta gran gesta patriótica, nuestra provincia tendrá un festejo doblemente importante, ya que se prevé que para el cumpleaños de un aniversario más de la fundación de la ciudad capital, el próximo 25 de julio, o probablemente días antes, nos visite la presidenta de la Nación, Dra. Cristina Fernández de Kirchner, para lo que será la inauguración del moderno Centro Cultural del Bicentenario. Cabe recordar, que este moderno complejo museológico reunirá a los tres grandes museos provinciales: el Antropológico, el de Bellas Artes y el Histórico.



El poeta bandeño Dalmiro Coronel Lugones, escribió en 1960 el libro Romance del Canto Nativo, donde incluye unas coplas en homenaje a este histórico batallón santiagueño:  

“Patricios santiagueños” 

Viene llegando a Santiago
la patriótica expedición,
ya se escuchan clarines y el redoble del tambor.

¡Cómo brillan los aceros
con el ósculo del sol!
¡Cómo sacude la tierra
el verbo emancipador!

Aquí aguardan los Patricios 
Santiagueños que alistó,
el bravo caudillo Borges
con heroica decisión

Lugones, Gallo, Taboada,
Ibarra, Riesco, Carol,
Iramaín, Castaño, Herrera,
compañeros de armas son.

Cumulat, Ávila, Cainzo,
y otros varones de pro
también están enrolados
en el criollo batallón.

Son trescientos santiagueños,
trescientos guerreros son
las espadas en las diestras
cara al viento y cara al sol.

Son Trescientos voluntarios,
trescientos y un solo amor
de patria que los inspira,
con fe en la emancipación

(De Dalmiro Coronel Lugones, 1960)